La renuncia de Botero, un hecho que se veía venir

Por: Hugo Fernando Cabrera Ochoa

Cuando el posesionado en ese entonces Iván Duque Márquez, como Presidente de la República de Colombia, anunció el nombramiento de Lorenzo Guillermo Botero Nieto, más conocido como Guillermo Botero, como jefe de la cartera del Ministerio de Defensa, se sintió en el aire un ambiente de frustración y desacuerdo.

Botero no era un personaje desconocido en el país, pues había estado al frente de la Federación Nacional de Comerciantes “FENALCO” durante cerca de quince años y como presidente de esta agremiación había recorrido todo el territorio nacional participando de congresos, en la celebración de la “Noche de los Mejores”, dando conferencias y participando en otro tipo de actividades importantes de talla nacional, demostrando ser un académico, conocedor a fondo de los temas económicos del país y del mundo, manejando cifras actualizadas, claras y concretas.

Aún reconociendo sus fortalezas como líder gremial y empresarial, creo que el Presidente Duque le hizo un flaco favor nombrándolo ministro de defensa nacional, máxime en un país tan candente como el nuestro, en donde quien ejerza en esa cartera debe ser una persona profundamente conocedora de los temas de seguridad nacional, con una excelente relación con la cúpula de las fuerzas armadas de Colombia, lo cual no es para nada fácil, y con un manejo de asuntos de defensa demasiado densos, pues confluyen la inseguridad urbana, las bandas criminales organizadas, el narcotráfico, las disidencias de las FARC y grupos armados al margen de la ley que aún no firman ningún tratado de paz, además de otros temas bien álgidos y espinosos, como los de frontera, entre algunos más.

La lista de desatinos es larga y no pienso registrarla en este escrito, pero la verdad es que bien hubiese podido ser un mejor ministro de hacienda y crédito público, por lo menos superando al tenebroso Alberto Carrasquilla Barrera, quien si bien, por el lado del mandatario nacional genera confianza, por el lado del pueblo genera miedo y alimenta la impopularidad, antipatía y desagrado, de los colombianos hacia el gobierno nacional.

El diario el Tiempo registró la noticia de la siguiente manera: “El ministro de defensa, Guillermo Botero, renunció a su cargo al caer la noche de este miércoles, justo cuando en el Senado el número de votos para adelantarle una moción de censura llegaba a 67. En cuestión de horas, el funcionario se había quedado sin oxígeno político para continuar en esa cartera.

¿Cómo un funcionario que goza del aprecio del presidente Duque perdió en tan poco tiempo su margen de maniobra? Hay dos factores que jugaron de manera determinante en su contra: el país no fue informado que luego de un bombardeo militar a un campamento de disidentes de las Farc se encontraron menores de edad muertos por el ataque (la Fiscalía ha establecido al menos ocho) y el hecho de que alguno de ellos fueran apenas unos niños, entre ellos una de 12 años de edad”.

No se sabe a ciencia cierta cuál será el futuro inmediato del saliente ministro, supongo que se dedicará a descansar e ignorar la desbandada de señalamientos que los críticos del gobierno, los medios de comunicación y la opinión pública, lanzarán sin piedad durante todo este tiempo, mientras el gobierno se inventa otra cortina de humo y esconde la realidad nacional.

Adenda: Insisto, le hubiese ido un poquito mejor en el Ministerio de Hacienda.

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