Seguimos sintonizados

Jamás imaginé escribir esta columna tan pronto en la vida. Siempre pensé que mi papá con apenas 65 años, tenía mucho camino por delante. Pero como él mismo decía, la Vida es una Tómbola, y el 25 de junio nos sorprendió con su repentina y prematura partida.

Desde que tengo uso de razón, mi papá fue mi héroe, mi ídolo, mi protector, mi todo. Siempre fue el hombre mas especial y detallista.

Para él siempre fuimos sus niños; Andresito, Vanessita y Catica. Seguramente mas de una persona se sorprendió al darse cuenta, que esos niños de los que él hablaba siempre con orgullo y con amor, ya no eran tan niños, mas bien adultos con hijos propios y además, mas altos en estatura que él, bueno, todos menos yo.

Una de las cosas que mas he extrañado en estos casi 5 meses, son sus llamadas diarias, sus mensajes de texto, sus notas de voz. Sin importar hora o distancia física, él estaba ahí con nosotros y nosotros con él. Tampoco importaba que ocupado pudiera estar, nunca dejó que nuestras llamadas llegarán a correo de voz, porque inclusive si estaba “al aire” contestaba el teléfono susurrando.

Edgar Artunduaga, el periodista sin pelos en la lengua, que denunciaba la corrupción, defendía lo público, que no se dejó presionar o comprar, por los que tenían poder y/o dinero; nos enseñó a mis hermanos y a mi, que en la vida hay que estudiar, aprender, trabajar, respetar, y sobre todo, asumir posturas. Que tener tu conciencia limpia y tranquila, es mucho mas valioso que venderla por unos pesos.

Edgar Artunduaga, mi papá, nos enseñó que no hay nada mas importante que la familia, ver la vida con alegría, ser positivos incluso en los días mas oscuros, vivir agradecidos , y sobre todo tener a Dios en el corazón.

Hoy que mi papá nos acompaña desde el cielo, seguimos recordándolo por su hermosa voz, su carcajada contagiosa, su admiración por Cantinflas, su afición por la fotografía, su obsesión por los resaltadores, su emoción al escuchar un vallenato de Poncho Zuleta, y su amor por el Huila.

Pá, gracias por ser el papá que fuiste. Por todo el amor que nos diste. Por todas las enseñanzas que nos dejaste. Por estar siempre ahí, caminando con nosotros, siempre apoyándonos, empujándonos, alentándonos, y si era necesario, también, amortiguando las caídas. Gracias por ser el mejor abuelo para Alana y Samuel, por meterte a la piscina a jugar con ellos casi sin saber nadar. Te falto tiempo para disfrutarlos mas y conocer a Juan José.

Sí, es verdad, nos faltó tiempo, pero el que tuvimos, fue suficiente para saber que fuiste el mejor. Te amamos hoy y siempre, y seguiremos sintonizados de aquí a la eternidad.

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