FELIZ DIA DEL PERIODISTA

Escrito por Catalina Artunduaga.

El pasado 9 de febrero, se celebró en Colombia, el día del Periodista, y por primera vez, desde que tengo uso de razón, no pude felicitar directamente a mi periodista favorito, mi papá.

Cada año, sin falta, me aseguraba de decirle que además de ser mi favorito, era sin lugar a dudas uno de los mejores del mundo. Bueno, no le decía que era uno de los mejores, le decía que era el mejor, y él, entonces, además de agradecerme por mis palabras y piropos, me decía que me amaba y me llamaba colega.

Para quienes no saben, yo no soy periodista, soy abogada, pero no necesito de un titulo para amar esta profesión, o mejor dicho, este oficio, como mi papá lo llamaba.

Hoy el país y las universidades están llenas de facultades de Comunicación social y Periodismo. El sueño de muchos y muchas es convertirse en “periodista”, para aparecer en televisión y volverse “famoso”, como si eso fuera realmente, la función de este oficio. Ser periodista, es mucho más que esas películas que varios se arman en la cabeza.

Según Wikipedia, Periodista, “es la persona que se dedica laboralmente a ejercitar la libertad de expresión para su difusión a la sociedad por medio de las distintas plataformas de comunicación que existen, ya sea en la prensa, como en la documentación fotográfica, radio, televisión o medios digitales”.

No creo que está descripción sea la más completa o exacta que exista, pero de todas las que leí, escogí está.

Si alguien me pregunta que es ser periodista, diré que es Edgar Artunduaga. Su gran pasión fueron los medios: escribir, hablar, comunicar, denunciar con fundamentos al corrupto, ayudar al necesitado, proteger los recursos públicos, darle voz a los que no la tenían.

Siempre hizo ahínco en que nadie podría decir que él había vendido su opinión. Siempre fue enfático en mantenerse independiente, sin importar las consecuencias. Siempre nos recalcó que había que asumir posturas.

En su carta de renuncia a Caracol, fue puntual cuando dijo: “Me parece, como periodista, inadmisible aceptar una tácita y obligatoria mordaza. Estoy de acuerdo con quienes afirman que el mayor peligro para el periodista en esta época es la autocensura”. No tuvo miedo en decir la verdad, incluso, frente a un gobierno que quería silenciarlo y desterrarlo.

Y como el ejemplo se predica con la práctica, pues también enseño a muchos a ser periodistas, despertó en varios esa pasión y ese amor por este oficio.

No tenía miedo de compartir sus conocimientos, de corregir, de enseñar, de guiar. Se sentía feliz y orgulloso, cuando veía a sus “pupilos” triunfar.

Hoy solo espero que, en nuestro país, veamos mas periodistas comprometidos con la labor social que conlleva esta profesión, con la verdadera misión de informar, de comunicar, y no con la falsa y errónea idea de creer que dejarse comprar por unos pesos, es mejor o mas gratificante, que denunciar y decir la verdad.

Como dijo mi papá, seguiré “soñando sobre dignidad y la utopía de una prensa libre en Colombia”.

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