-AL AIRE-

El amor invencible de Alicia Anaya y Oliver Lara

El amor invencible de Alicia Anaya y Oliver Lara

“He sido tristemente feliz”, una frase que resume una hermosa historia de vida.

En estos tiempos de relaciones superficiales y “amores líquidos”, que se disuelven con la primera tormenta, resulta admirable y fascinante la relación que han logrado sostener Alicia Anaya y Oliver Lara, abrumados por una situación de salud devastadora.

Obligatorio resulta citar a Albert Camus, en uno de sus textos más “personales” para aludir a la necesidad de endurecer el espíritu frente a la adversidad: -“En medio del odio descubrí que había, dentro de mí, un amor invencible. En medio de las lágrimas descubrí que había, dentro de mí, una sonrisa invencible. En medio del caos descubrí que había, dentro de mí, una calma invencible. Me di cuenta a pesar de todo eso... En medio del invierno descubrí que había, dentro de mí, un verano invencible. Y eso me hace feliz. Porque esto dice que no importa lo duro que el mundo empuja contra mí; en mi interior hay algo más fuerte, algo mejor, empujando de vuelta”.

Alicia, una mujer hermosa, con un hijo de un primer matrimonio (viuda), rehusaba cualquier nueva relación, incluyendo a Oliver, hijo de don Oliverio Lara y nieto de Leonidas Lara, poderosos empresarios, visionarios, universales, cuya historia da para varios libros, incluyendo el lamentado asesinato de Oliverio y también la muerte infame de su hija Gloria Lara, a manos del M-19, tras un doloroso secuestro.

-Oliver es el ser más maravilloso que he conocido. Él sufrió una enfermedad hace diez años y la ha asimilado de una manera de tanta enseñanza y fortaleza que nuestra comunicación, a pesar de que tiene enormes impedimentos, no se ha perdido. Tampoco el respeto, el amor y ese contacto físico de hablar. Siempre hay una caricia y un te quiero aunque le cuesta mucho trabajo hablar.

Yo tengo una frase y es que "he sido tristemente feliz" porque lo he acompañado y él es mi vida, mi fortaleza, porque mi historia es dolorosa pero es firme, llena de esperanza y amor.

¿Cómo empezó la relación?

Viajaba con mi hijo un día en un avión y Oliver estaba sentado a nuestra mano derecha y Mauricio me dijo "quién es ese señor que te está mirando y parece una persona importante?" y le dije es Oliver Lara pero me lo han presentado unas quinientas veces. Cuando nos íbamos a bajar él me dijo "pase madame" y yo gracias muy amable. Mauricio me dijo que no fuera antipática.

Yo era distante porque no quería nada con nadie y él amoroso, tranquilo, tímido. Me aterro cómo me conquistó cuando el casi no hablaba y yo hablo "hasta por los codos", pero Oliver me dice que yo hice todo.

Se conocieron hace 22 años y llevan 18 casados. -Él quería ser perfeccionista en esta relación e insistía en que este amor tenía que echar raíces. Estuvimos cuatro años de novios (él se había separado de un primer matrimonio). Nos pusimos de acuerdo: buscaríamos la felicidad por siempre, sin esperar nada a cambio, pero con fidelidad, tranquilidad, compañía, amor del bueno.

Yo le decía a Oliver "si tu haces que me enamore de ti va a ser para toda la vida" y lo consiguió, esa es mi historia de amor y me siento feliz de poderlo acompañar y darle todo el apoyo.

Llegó la terrible enfermedad

Pasaron ocho años totalmente felices, con muchos problemas porque Oliver quebró, pero la relación seguía hermosa y sólida.

-Estuvo a punto de perder la hacienda “Trapichito” pero la sacamos adelante. Fue una etapa de gallinas que producían pocos huevos que no se vendían; ganado que no daba suficientes utilidades. Oliver se metía en todos los negocios, también estuvo con flores y no funcionó, café que no producía, eran muchas cosas por la recesión tan grande que había en el país, en los años 1997, 98 y 2000. Traer la comida era costoso, los productos agrícolas subieron, él tenía agua por bombeo en Trapichito y la luz estaba carísima, todo se juntó.

-¿Esa situación pudo conducir a la enfermedad?

Sí, el estrés de Oliver era muy grande. Trapichito tenía más o menos 400 empleados y se fueron mermando pero él no quería salir de su gente porque sentía responsabilidad con ellos y lo poco que producía era para pagarles a las personas que trabajaban ahí.

¿Cómo se asomó la crisis?

A él le estaban dando isquemias, de pronto perdía el habla pero él se reía. En esos momentos, en esas crisis, contestaba todo al revés o no se le entendía. Se le hicieron cateterismos pero él no se cuidaba mucho, su sangre era muy espesa y todo el estrés le producía cansancio, dormía mal y eso empezó a afectar su corazón y de ahí empezaron los derrames, eran pequeñas isquemias hasta que un día estábamos sentados en una reunión familiar hace diez años con León Ocampo que era su gran amigo y de pronto dejó de hablar.

Se estaba ahogando. Lo llevamos de urgencia a la clínica y el medico que era Guillermo González dijo que no podía ir hasta el día siguiente, duré brava con él unos días y después tuve la necesidad de acudir a él e hicimos las pases pero le reclamé por no haberlo atendido antes porque hubiera podido ser menos critico lo que le había pasado.

Oliver estuvo cuarenta días en la UCI y no salía adelante, ahí estuvimos con un médico maravilloso que se llama Roberto Salas y nos ayudó mucho. Éramos como locas nosotras con las hijas tratando de sacarlo adelante porque él no respondía, cada vez era más complicado.

El médico me dijo que lo iban a desconectar y era un riesgo, pero él empezó a reaccionar; duró tres días sin mostrar ningún signo de mejoría y yo me le acerqué y algo le dije amorosamente "te traigo mi corazón, si te quieres ir puedes hacerlo, si te quieres quedar vas a encontrar en mi una persona que va a luchar por ti y vamos a salir adelante" y abrió los ojos y empezó la lucha y la recuperación.

La clínica Cardioinfantil se convirtió en nuestra casa. Ahí duramos treinta días y cuando salimos dijeron "llévenselo a la casa" y tuvimos que poner una tutela para conseguir que atendieran a Oliver como se lo merecía. Él lleva cotizando con el seguro social cincuenta años y era justa una atención para recuperarse.

¡Volvió a caminar¡

-Estuvimos un año en teletón y Oliver salió caminando, fue maravilloso. De ahí nos fuimos a una terapia a Guayaquil donde el nivel del mar nos podía ayudar, caminando, manejando una respiración mejor y con una terapia de un médico cubano que hacía cosas espaciales "Oliver me decía lo único que falta es que me enchufes a una pared" porque le hacía todo lo que me decían.

Oliver tuvo una recuperación bastante buena y dijo que no quería caminar más porque se sentía cansado y le operaron un pie y después más terapias. Son diez años y no las hemos terminado para que él tenga un poquito de calidad de vida porque un ser humano tan maravilloso no se puede tirar como un costal y abandonar. Mi amor por Oliver sigue exactamente igual y también el suyo hacia mí. Hay un entorno de sólo mujeres, las hijas, las enfermeras que lo quieren y lo consienten y ahí vamos.

¿Cómo es el temperamento de Oliver en este tiempo?

Es muy noble, quizá yo con mi temperamento no hubiera aguantado una enfermedad así. Sólo una vez en diez año me dijo que se quería morir, que estaba cansado, agotado. Cuando se cierran las posibilidades de respirar bien, cuando ya no está comiendo y sus limitaciones son tan grandes y es totalmente dependiente… hace enormes esfuerzos y sigue luchando.

Quienes la conocen se admiran de que aguante tanto, siempre optimista…

No es aguante, es amor por las cosas que emprendo. Sería más fácil poner cara de circunstancia, pero prefiero ponerla de felicidad por lo que hago. Me he caído, he luchado, no puedo ser víctima de mi vida porque si lo hago sería un infierno.

Yo vengo de atender a mi papá que murió de 94 años y Dios me mandó a atenderlo porque él trabajó y se sacrificó. Mi papá era un costeño de Caimito Bolívar, adorado, que hacía de todo y nada le quedaba grande.

Mi mamá fue otra mujer espectacular, barranquillera y una mujer que también hacia de todo y por eso tenemos esa cultura. Después de llorar hay que sacudirse y salir adelante, y todos mis hermanos somos así; yo no soy huilense pero llegué aquí hace 43 años y me quedé y amo el Huila. La tenacidad se lo da a uno la vida, yo tuve mi primer esposo y él se desapareció, era piloto, que lo mataron, que se suicidó, dijeron de todo y nunca se supo, llevaba trece años de casada con él.

Él fue a Bogotá a comprar un carro en el año 1987 y no llegó, empecé a buscarlo y nunca se supo qué pasó y ahí yo tenía una finca, un hijo, estaba en una región que no era la mía pero la gente de aquí ha sido maravillosa, me dio fuerza, valor, cariño, amistad y tocó salir adelante. De tanto comentario que había me fui un año y volví con la cara en alto.

La comunicación en medio de las limitaciones

-Yo le hablo, le canto, lo besuqueo todo el tiempo y le digo que él es el ser más maravilloso, le digo que si bailamos y él me pasa la mano. Tiene movilidad en las manos, la cabeza y hay días en que amanece hablador y se ríe de las locuras que yo le hago. Ahora que vinieron todos los familiares e hicieron un encuentro Lara - Perdomo él estuvo feliz y les habló.

¿Cómo es la relación con las hijas y su hijo?

Mauricio vive en los Ángeles y poco viene, pero él sabe que su mamá es feliz y que estoy casada con el mejor hombre y que todo lo que hago es con felicidad y dignidad. Nosotros hablamos casi todos los días porque tenemos una muy estrecha relación, él me dice Ana, toda la vida traté de que me dijera mamá y no pude.

Con las hijas bien, esa relación ha mejorado, es bonita y de respeto; ellas aman a su papá, yo me casé con Oliver Lara y él tiene su familia y yo la respeto.

Sobre el festival de San Pedro

Alicia Anaya fue directora de las fiestas de San Pedro en 2013. Y como no se guarda nada, soltó las siguientes reflexiones sobre el certamen:

-Este era el festival más importante en esta zona, mejor que el de Valledupar, el del Tolima, el del Joropo, pero ¿dónde estamos en este momento si nos hacen una calificación?

El toque de la sinfónica es lánguido, mecánico y no tiene esa autenticidad del baile nuestro. Esto no es un tango sino un sentimiento, el folclor nuestro y lo que mostramos de la región.

Aquí los parejos dan el toque de cambio o innovación, ellos son los que dicen con quién bailan, cómo, las faldas, son unos grandes influyentes en nuestro festival.

Hay una junta directiva que está compuesta por las grandes instituciones a nivel regional pero sus directores se van porque es tiempo de vacaciones, no hay sentido de pertenencia ni amor por el festival.

La persona que comercializa tiene que rasguñar, mirar cómo recoge los recursos y es muy triste que no haya un empoderamiento de personas que quieran al festival.

El gobernador pone el jurado, de resto se hace lo que se quiere, no hay un control, que los parejos quisieron cambiar la falda, que ponen cincuenta pollerines y las niñas casi no se pueden mover, no hay una veeduría de las carrozas. Estamos cogiendo esa cultura de la pereza, para qué opinamos si no hay cambios.

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