Alcaldes metrosexuales

Vino cual ventarrón la tía Elisa a contarme chismes de algunos alcaldes del Huila, actividad a la que se dedica (el chisme) desde aquellos tiempos en que aún joven quedó viuda y con plata.

Confieso que me resultó mareante porque la tía usa como perfume un pachulí horroroso, pero me salvó de volver a escribir, por enésima vez, sobre bribones que se roban al Huila.

Cuenta ella que el alcalde de Rivera, Néstor Barreiro, se gastó una fortuna poniéndose pelos para tapar “las entradas” que ya resultan notorias.

La gente especula cuánto costó el nuevo look y de dónde salió el dinero. Néstor ya había recibido el primer implante capilar, pero lo echó a perder su secretario de gobierno, César Augusto Rojas, el más lambón del gabinete.

Estornudó tan fuerte sobre la cabeza del alcalde que se tiró el cultivo, como se llama técnicamente el asunto. Ahora Barreiro anda como pavo real, duerme sentado y elude tanto servilismo de su secretario.

En esto de la calvicie las mujeres son más prácticas, se ponen peluca, o un buen sombrero, como lo hace la concejal Leyla Rincón.

A mí no me pareció gran cosa el asunto. Le comenté a la tía Elisa que en estos tiempos de hombres metrosexuales (no necesariamente gays) yo tengo dos ejemplos en el Huila: el alcalde de Palermo, Víctor “pujacho” Polanía. Y un hotelero pomposo, bastante adornado.

El primero pasó por el quirófano y quedó irreconocible, al punto que le dicen “el raro de Palermo”. Sobre el otro señor basta verlo sobresalir por encima de su mujer.

Pero estamos hablando de alcaldes, me reconviene la tía. Cómo te parece, continúa, que “el ché” (así le dicen a la primera autoridad de Gigante, Josué Manrique) casi lo mata su pareja, una jovencita 40 años menor que él. La tía dice que el pobre quiso estirarse todo, para verla sonreír.

Le replico a la tía (porque los conozco a los dos) que la muchacha en cuestión es una buena mujer que todavía lo acompaña, con visible alegría. Y lo de su salud es parcialmente cierto. El ché se estaba sacando un ojo (casi queda ciego) no por ella sino por viejas dolencias.

En esas cosas del amor, el sexo y las edades le digo a la tía (bastante goda) que yo respeto todo, sin complejos. No tengo las dudas y preocupaciones que plantea en broma mi amigo Juan Carlos Ortíz acerca de su soltería:

-“Si es bonita me pone cuernos. Si es fea no me gusta. Si es rica me humilla. Si es pobre me explota. Pero me asusta más mariquiarme que quedarme solo”.

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