Drogas y putas en Cartagena, negocio viejo

Un escándalo que sólo desató el descaro de un video

Todos los colombianos sabemos de vieja data sobre el negocio, abierto, visible, casi ostentoso de la prostitución en Cartagena, que incluye no sólo mujeres y hombres adultos, sino también niños.

¿Qué podía faltar para escandalizar a las autoridades de la ciudad y al país entero? Que apareciera –como sucedió- un video invitando a una juerga sin control, con un cupo limitado, sólo para extranjeros (degenerados).

La reacción del alcalde y la gente de Cartagena fue inmediata, aunque sabemos que el asunto es viejo.

El mundo se enteró por el eco que hicieron de medios colombianos en El País, de Madrid, muy leído en el continente. La crónica la firma su corresponsal en Colombia, Sally Palomino:

-Tres días, sesenta colombianas, droga, alcohol, playa y sexo ilimitado. El video promocional de la fiesta Sex Island parece indicar que la oferta es solo para extranjeros que aterricen en Cartagena. Solo 30. Un hombre llega al aeropuerto, lo recogen en un autobús y en la próxima parada se encuentra un yate repleto de mujeres. Antes de que la policía anunciara medidas y advirtiera que busca a sus organizadores, uno de ellos aseguró a un medio local que el precio para participar en la fiesta es de 5.000 dólares.

El vídeo ya fue desactivado de varias plataformas, pero las autoridades lo vieron y en poco tiempo se manifestaron. "Es obsceno y no obedece al turismo que queremos en la ciudad. Estos eventos dañan el buen nombre de los cartageneros, va en contra de las mujeres, no lo vamos a tolerar”, dijo en una nota de prensa el alcalde encargado de Cartagena, Sergio Londoño Zurek. En el mismo comunicado, el secretario del interior, Fernando Niño, dejó abierta la posibilidad de que sea un engaño. Aseguró que cualquier evento que tenga publicidad masiva, haga invitación a través de redes sociales y se pague alguna suma de dinero, requiere la autorización del ente territorial y esta fiesta no la tenía. La página en donde se compraba la entrada ya no funciona y de los organizadores poco se sabe.

El director regional de Migración, Néstor Castro, asegura que labores de inteligencia han permitido establecer algunos patrones para detectar a los extranjeros que lleguen al país para asistir a esa fiesta, prohibida e ilegal. “Identificamos a las personas y en el momento de los procesos de inmigración se aplican medidas de inadmisión. Si ya están en el país, se someterán a acciones que van desde la cancelación del permiso de ingreso o medidas de deportación o expulsión”, aseguró. No está muy claro el proceso para identificar a los que pagaron por la fiesta, si ni siquiera se sabe sobre sus organizadores, pero las autoridades insisten en decir que habrá consecuencias jurídicas.

El Alcalde afirma que están trabajando para identificar la embarcación que aparece en el vídeo, lograr su ubicación y con la Armada Nacional y la Policía buscarla para impedir la actividad. Hasta la Fiscalía se involucró en la investigación y según confirmó a EL PAÍS analiza las imágenes para determinar si hay una infracción a la ley. “Todos los eventos deben responder al plan de seguridad ciudadana aprobado por el Distrito con el respaldo de todas las autoridades. Este no responde a las políticas en contra de los delitos sexuales, el abuso sexual, la pornografía infantil y por esa razón no le daríamos autorización”, afirmó el secretario del Interior.

Como pocas veces ocurre, todas las autoridades parecen interesadas en el mismo tema. El comandante de policía de Cartagena, Luis Poveda, aseguró que la fiesta que se promociona podría inducir a algunos delitos. “Si se materializa vamos a perseguir penalmente a los que induzcan a la prostitución, trafiquen con drogas, que es lo que vemos que invitan en el vídeo. Haremos un seguimiento a lo que pautan, a los precios, qué mercado ofrece, si son cuentas colombianas o en el exterior”.

La reacción es la de una ciudad que intenta borrar la imagen de destino para turismo sexual, pero que, en medio de la desigualdad abismal que viven sus habitantes, es testigo silencioso de una prostitución no regulada que desde hace muchos años se asoma en las históricas calles del centro de Cartagena.

ARCH

Pin It