-AL AIRE-

El suicidio de Mirna

mirnaSuicidarse es de cobardes o de valientes, según ópticas encontradas, ambas valederas. En todos los casos sorprenden brutalmente. Y más cuando se trata de personas jóvenes, exitosas, a las que –pensaría uno- el mundo les sonríe.

También es asunto que tratan de ocultar los familiares, como si fuese un acto vergonzoso y no el resultado de la decisión rotunda del autor. Casi todo suicidio es largamente premeditado.

La poeta Piedad Bonnet descubrió “el sentimiento trágico sobre la vida” que poseía su hijo (Daniel, de apenas 28 años), y contó en un libro conmovedor los episodios sucesivos que lo llevaron a lanzarse al vacío desde un edificio en Nueva York.

"Guardaba un diario con su trabajo artístico, donde escribió frases duras y tristes, pero no encontré nada que me tradujera su propia desdicha", escribió Bonnet.

Yo puse al descubierto el suicidio del gran locutor Juan Harvey Caicedo, aunque sus familiares hablaban de un ataque cardíaco.

Juanito –como le decíamos en “La Luciérnaga” creyó derrumbase en su brillante vida profesional. El día que le comunicaron el final de su programa “Domingo Bolero”, en Caracol (tras haber dirigido la radio culta desde los 20 años) acabó con sus días en su salón de estudio, mientras familiares compartían despreocupados en la sala de la casa. 

Investigué a fondo sobre el suicidio de Julio César Sánchez, ex alcalde de Bogotá, que también escondía su familia.

-Por qué, teniéndolo todo, se mató esa madrugada del 29 de diciembre de 1999? Sus más cercanos amigos dicen que era un enamorado de la vida y un optimista obstinado. Se proclamaba “un bulto de lana” que todo lo amortigua y todo lo calma. Para Sánchez nada era problema.

El caso de Mirna Sánchez es demoledor. No hay una sola foto que la muestre incómoda, desalentada, triste. Ni siquiera distraída. Amigos, familiares y conocidos sólo la vieron sonreír, sin estridencias, delicada, cálida.

Estuvimos hablando sobre su vinculación a Huila Stéreo y el noticiero que iniciamos en el Sistema AS. Me prometió llegar el lunes a las 6 de la mañana “puntualmente”. Sin embargo, el sábado se produjo su deceso. Mirna se tomó unas 50 pastillas que acabaron con su vida.

-Las limitaciones, como el umbral del dolor, se miden de manera diferente en cada persona. Lo que es llevadero para unas, es intolerable para otras.

Alfonsina Storni lo presenta muy fácil: “Morir como tú, Horacio, en tus cabales, y así como en tus cuentos, no está mal. Un rayo a tiempo y se acabó la feria…”. La señora Storni, argentina, “no quiso hacer más poemas y se metió al mar para morir ahogada”.

La poeta y escritora María Mercedes Carranza, quien también se suicidó (2003), describió magistral y premonitoriamente la situación:

-No más amaneceres, ni costumbres, No más luz, no más oficios, no más instantes. Sólo tierra, tierra en los ojos, entre la boca y los oídos. Tierra sobre los pechos aplastados, tierra sobre el vientre seco. Tierra y olvido…

 

 

 

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