Profesores universitarios y diputados acosadores


Es obvio que en el Huila también hay acosadores sexuales y como ocurre con Claudia Morales y con cientos de mujeres en el mundo el silencio se vuelve común denominador.

La Casa de la Memoria (una organización regional que funciona hace diez años y lideran 19 profesionales) ha documentado varios casos y establecido nombres de personas y de algunas instituciones donde se han focalizado principalmente ciertos hechos al respecto.

No todos pueden mencionarse porque las víctimas prefirieron no formalizar la denuncia . Y romper su silencio, por vergüenza, pudor, temor al escándalo y al señalamiento, se ha vuelto el mayor reto para quienes asumen la defensa de género. Hablamos de acoso, no feminicidios ni de otros actos de violencia, que merecen capítulo aparte.

Hay unos nichos detectados, muy notorios, sobre los cuales recaen la mayoría de las historias: la Asamblea departamental y la Universidad Surcolombiana. El poder político y el poder académico, para conceder un cargo o un ascenso, o variar una calificación.

Algunos diputados, validos de condición, aumentado por el ruego de jovencitas en busca de empleo, se convirtieron en violadores consuetudinarios, con halagos –la mayoría de las veces-, y a la fuerza en muchas oportunidades.

El caso de los docentes de la U. Surcolombiana es más detestable, me dicen en la Casa de la Memoria. Profesores que por décadas han venido violando a sus alumnas, negociando notas por cama. Utilizando el chantaje abierto, ni siquiera disimulado, del cual son testigos sus propios compañeros. –“Pasa el semestre o el año si se acuesta conmigo”. Algunos profesores se acercan a las estudiantes, intentan una buena relación de amistad, buscan seducirlas, pero casi siempre las violan contra su voluntad.

La Casa de la Memoria le ha seguido la pista a un fisioterapeuta de la misma universidad, responsable de por lo menos una decena de violaciones, pero no ha logrado judicializarlo por temor de las víctimas, que lloran de rabia pero prefieren mantenerse en silencio, atemorizadas por la exposición de su nombre y la reacción de su entorno.

Hay un hecho adicional y grave: hay varias páginas web que fomentan el acoso y la violencia contra la mujer y especialmente las defensoras del género y los derechos humanos. Una de ellas “Justo en la venada”, en referencia a la cafetería de la universidad, es manejada por estudiantes de la surcolombiana (también incluye crítica política). La Casa de la Memoria ha informado a directivos del más prestigioso centro académico regional, sin obtener respuesta, como si el asunto fuese parte del paisaje.

El debate está planteado en el mundo. Claudia Morales atizó la hoguera en Colombia y el país dejó de buscar al supuesto periodista violador (le habíamos entendido que un director encumbrado de un medio de comunicación) para dirigir la pesquisa hacia un político prominente.

De pronto en el Huila, alguna mujer se anima a denunciar al diputado que la violó. O al profesor universitario que la persiguió hasta doblegarla.

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