-AL AIRE-

La vida privada de algunos políticos del Huila

El veterano Jorge Eduardo Géchem Turbay, para muchos “enamoradizo y corredor de faldas”, a quien ahora le atribuyen amores con una bonita señora recién separada, dice que sigue firme con su última esposa, Pilar, pero que no viene al Huila por estar dedicada a sus menesteres profesionales.

“Lo que pasa es que aquí lo ubican a uno como mujeriego o como gay”, dice con risueña picardía. Igual que un personaje del escritor Tomás González: -No es que haya sido mujeriego, pues mientras está con una mujer le es fiel. El asunto es que ha tenido varias.

A Géchem y a otros personajes de la política regional los he confesado en un programa que transmito a la 1pm por W Radio, 104.3 y las emisoras del Sistema AS.

Esperanza Andrade cuenta que después de un matrimonio de más de treinta años (cada altar tiene su cruz), su marido el señor Osso la cambió “por una de 15”. Ella que fue primero concejal que su hermano Hernán, debió retirarse de la política por exigencia de su marido.

Rodrigo Villalba se ha vuelto “un buen marido” en su tercer matrimonio y regresa con ansiedad a casa, enamorado de su mujer –Angelita- y de una niña de 5 años que parece una muñeca. Rodrigo tiene hijos grandes de sus primeras relaciones, pero esto de ser papá-abuelo es apabullante y hermoso.

Hugo Tovar Marroquín (de reciente aparición telúrica cuando lo pensaban pensionado) anda soltero hace muchos años y a su regreso a casa no lo regaña ni recibe nadie, porque se murió el perro que le ladraba y le movía la cola. Tovar es padre de dos hijos, es abuelo feliz y tiene en los libros y la música su fiel compañía.

Me sorprendí (y seguramente también los oyentes) con un Alvaro Hernán Prada sensible, quien no pudo contener el llanto al recordar a su padre, Alvaro Prada Cuenca (el ciego Prada le decían). Habló también de Jorge Eduardo Géchem, casado con su mamá y separado después del secuestro, a quien apenas saluda con respeto pero sin afecto. También me quedó claro que la relación con su hermano Andrés se ha enfriado. Alvaro Hernán se estremece de alegría cuando habla de su esposa Carolina y sus dos parejas de mellizos.

Admito que no logré sacarle la verdad a Diego Muñoz sobre la vez que supuestamente encuelló al alcalde Lara Sánchez. Y aquella noche –esa sí confirmada por terceras personas- que le lanzó un puñetazo a un médico respetado de la ciudad. Muñoz insiste que siempre ha sido “pacífico”.

Me falta entrevistar -o me niego a hacerlo- a cierto personajillo huilense que “anda por ahí como un perro sin pedigrí y muy dejado de la mano de Dios”. O a Armando Bendedetti, “con una vida y una hoja de vida más agitada que la de una mujer fatal”. Benedetti, como cierto personaje de W. Allen, legará su ego desbordado a una facultad de medicina

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