-AL AIRE-

El tío Uriel (tío del gobernador) y el negocio de la alimentación escolar

En el negocio de los $50 mil millones de la alimentación escolar en el Huila (que se ha venido adjudicando por pedazos en los últimos días) juega un papel importante, “el tío Uriel”, hermano de Melba Villa, la madre del gobernador Carlos Julio y su hermana Cielo González Villa.

Es otra figura de la familia en el control de algunos asuntos “de confianza” en el juego de la corrupción que manejan desde hace más de dos décadas. El tío Uriel está detrás de la contratación y también en la coordinación, donde la gerente, Leidy Gómez Benítez, esposa del diputado Alfadil Ortigoza, apenas obedece y firma.

Como se trata de un negocio familiar, donde cada fracción tiene su tajada, el tío Uriel vela por los intereses de Cielo. Entre tanto, Omar Gómez (reciente guardaespaldas) ejerce en el rango de lavaperros de Myrian Hurtado (esposa del gobernador), en condición de supervisor real del contrato.

César Serrano (burdo y frentero detrás de las coimas), el flamante jefe de contratación, responde a los afanes económicos de Celiano González Villa (tal para lo cual), el capo desalmado y hábil usufructuario del banquete del saqueo.

Y aunque uno creería que ya es suficiente este comité de asalto a lo público –con un gobernador cómplice y complaciente- aparecen otras fichas en la sombra.

El rey del cobro de las comisiones es Jhon Ramos, menudo, elegante, sobrio, de apariencia inofensiva, que andaba de vuelta por el mundo, visitando las mejores canchas de golf, después del más gigantesco robo a las empresas públicas, en la alcaldía de Cielo González. Y “la pájara” Gloria Vanegas, de la misma cuerda y ahora irreconocible por su nueva figura física de quirófano.

Los dos (Ramos y Vanegas) ejercen –sin puesto oficial- lo que en la mafia equivale al control de las finanzas o ganancias ilimitadas que proporcionan los negocios ilícitos, como éste, donde se asocian para robarse buena parte del dinero destinado a la alimentación escolar.

La olla podrida en que se ha convertido la gobernación de Carlos Julio González ya motivó la renuncia de María del Carmen Jimenez, asqueada por las maniobras para adjudicar el programa PAE.

También está sobre la mesa la dimisión de José Nelson Polanía, jefe de gabinete, súbdito de los González y buen abogado, tanto que es el encargado del manejo jurídico y legal de tanta triquiñuela. Vendría en camino la del secretario de agricultura, José Ricardo Villarreal, que teme resultar hundido en el fango, o en la cárcel.

Sin embargo, el gobernador sicólogo (ahí está la clave de su mandato y la coartada) no dejará a nadie sin puesto para mantener su complicidad. Para eso están la terminal de transportes de Neiva y ahora la Federación de Departamentos, que él preside, en reemplazo de su amigo, padrino y guía “espiritual” Plinio Olano, hoy en la cárcel por recibir millonarias coimas de Odebrecht.

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