-AL AIRE-

El barranco

La tía Elisa ha soñado con insistencia en un barranco como el de pericongo y cuando se asoma ve en el fondo un carro grande, blindado, donde están vivos –por fortuna- el gobernador González Villa, su hermana, su cuñado, su mujer, Celio, el tío Uriel. Y levantando la cabeza, como lagartija, Rodrigo Lara Restrepo.

Le dije que los sueños son difíciles de interpretar, y yo el menos indicado para cualquier análisis, dado que casi no duermo y nunca sueño. Alguna vez, intoxicado, tuve una breve pesadilla con Cielo. Y otra, reponiéndome de una fiebre horrorosa, pensé que me perseguían Carlos Julio y su padre, “el viejo paticaliente”, con intenciones ambiguas, ambidextras, pero ambos con los ojos brotados y exaltados.

Le pedimos consejo al abogado Luis Humberto Tovar, con algunas relaciones eclesiásticas, pero nos dijo que esas cosas no son de Dios. Y nos remitió al “onironauta”.

-Ni más faltaba gritó la tía Elisa, que a estas alturas busque a alguien que me examine la orina por un sueño estúpido.

Fue necesario explicarle que el tal oniro no es “orino” sino una palabra de origen griego que estudia los sueños. Y el experto a buscar es una especie de parasicólogo.

En fin, lo encontramos. Explica el tipo que la tía tiene dones sobrenaturales y que el tal sueño no fue sueño sino que somnolienta “vió” lo que se aproxima, toda esa familia en el despeñadero, desenmascarados en sus andanzas de corrupción.

El tal Oniro indujo al trance a la tía Elisa, que se despachó –como lora mojada- a contar la película que tenía al frente: -Al interior del carro había cantidades enormes de dinero. Literalmente nadaban en plata. Pero peleaban a muerte entre sí. De un lado la mujer del gobernador, que reclamaba el pago de no se cuántos millones. Del otro, Cielo y Germán, su marido, con traje penitenciario por no se qué líos de alimentos.

El tío Uriel exigía su parte y ya tenía un costal repleto. Celiano empuñaba un arma y se le veían las peores intenciones, tan diabólicas como las del tuerto Armando Saavedra –eso dijo la tía-. El escenario era infernal y tenso, una película en pequeño de la serie “la Casa de Papel”, donde unos ladrones se quedan encerrados en el equivalente al Banco de la República.

-Y qué hacía en ese lugar la lagartija, perdón el doctor Lara Restrepo?, le pregunto al Oniro para que le pregunte a la tía.

-Veo (dice con sonrisa maléfica) como se come cientos de periódicos y especialmente una columna escrita en 2005 (la alcaldesa era Cielo González Villa), que lee a las volandas: “Basta ya, exclama Lara. No más sinvergüencería. No vamos a permitir que los recursos de todos sirvan para pagarle deudas de campaña a unos bandidos narcotraficantes oriundos de nuestro querido departamento vecino del Caquetá…”.

¿Hablaba Lara de los mismos personajes que le acaban de apoyar y financiar su campaña en el Huila?

La tía Elisa se levanta como un resorte, sobresaltada.

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