-AL AIRE-

La Asamblea, un coro de aduladores

La diputada Clara Vega, copartidaria del gobernador González (Cambio Radical), convocó un debate que nació muerto, sobre el pésimo servicio de alimentación escolar. La conclusión es que todo está “normal”.

Fue una pantomima para desviar la atención de algo más grave: la corrupción oficial alrededor del contrato por $50 mil millones, que se reparten las distintas vertientes de la familia en el poder. La señora Vega concluyó que “está triste” porque le quedaron muchos vacíos.

Así es la Asamblea del Huila, sumisa, un apéndice del gobernador, un coro, una pequeña orquesta de aduladores, a la espera de su sueldo mensual ($17 millones) y algunas migajas adicionales que se caen de la mesa opípara del mandatario.

Cada uno dispone de tres auxiliares, una especie de unidad legislativa para que ayuden al diputado con la descomunal tarea de piropear al gobernante, tan susceptible a la lisonja.

Nadie sobresale. Ninguno se compromete con un debate serio. El control político desapareció. El diputado Javier Silva, cuota de Pedro Suárez, es tres veces menos locuaz que su jefe. Su colega Julio César Díaz, el viejo almacenista de la gobernación, jefe de archivos y de seguridad y después locutor del programa campesino “amanecer labriego” no tiene bagaje para sus nuevas responsabilidades.

Willam González, dirigente cafetero y siempre vinculado a las labores del campo, se siente como mosco en leche (él es el mosco) en un escenario exótico que todavía no alcanza a comprender.

El respetado señor Jesus Antonio Peña se quedó en eso, “respetado”. Y no sale de repetir el discurso uribista, sin meterse en las honduras de los problemas del Huila, profundizados en este gobierno.

Armando Acuña, técnico agropecuario del Sena, actúa como si siguiera en “Aceitares S.A”, donde se desempeñó como “jefe de control de cargue y descargue”.

Los jóvenes, “las revelaciones de la política” decidieron acomodarse, servir de alfombra, modelar en la gobernación y pasear su figura por ferias y fiestas del Huila. José Eustacio Rivera y Oscar Urueña no son viejos pero actúan como zorros (perezosos además) de la política.

Orlando Ibagón, Alfadil Ortigoza y Carlos Alirio Esquivel merecen tratamiento aparte. Son los decanos del trueque y la marrulla, las mañas y las artimañas. Pero utilizan sus garras no para defender los intereses del Huila (no se ve que lo hagan) sino para su propio beneficio. ¿O alguien los ha visto dando alguna pelea reciente ante la corrupción imperante y la ineficiencia reinante?

Queda por mencionar a Sandra Hernández, presidente de la Asamblea, conservadora, que brilla con un discurso fluído. “Habla de corrido”, me dice la tía Elisa. La vez que se le desnudó a Diego Pascuas (en un programa de televisión) dijo que tenía el sueño de que le dijeran “doctora”.

Su sueño se le cumplió doctora. Dios quiera que ahora salga del coro de adulones y ayude a corregir y mejorar los caminos del Huila, no sólo las pésimas carreteras, sino la olla podrida que tiene en la vecindad de la asamblea.

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