-AL AIRE-

Germán Trujillo y “la cosa nostra” huilense

Germán Trujillo y “la cosa nostra” huilense

Cielo González Villa, “una mujer de corazón seco” encontró a su marido andariego en el negocio de los alimentos, que ayudó a hacer próspero antes de casarse. Postergó incluso el matrimonio para facilitar el crecimiento de la bolsa.

Después entró al negocio el entonces congresista Carlos Julio González, hoy gobernador, estableciendo unos lazos de amistad íntima con Iván Moreno, hermano del alcalde Samuel Moreno –saqueador de Bogotá- y los hermanos Efraín (senador) y Edgar Torrado (concejal), de caminar cadencioso y millonarios por cuenta de alimentos y bebidas.

Sumados todos sus poderes, constituyeron una mafia –así como los narcos- y floreció en ese escenario el agraciado Germán Trujillo, que fascinó y arrebató a toda esa pléyade de mercaderes.

Entiendo que en el camino, Trujillo dejó tendidos a los Torrado (hablo de negocios) hasta convertirse en el “zar” de los alimentos, algo así como el capo di tutti, el mayor rango que hubo en la Costa Nostra italiana, el jefe de la familia, el más poderoso miembro de la mafia.

Los esposos Germán y Cielo se apoderaron de la alimentación escolar de todo el sur colombiano. Y después de por lo menos 10 departamentos, incluyendo Santander. Germán desbocó su brazo económico y Cielo amplió su peso político acercándose a Rodrigo Lara Restrepo y al candidato Germán Vargas Lleras, dueños de varios “resortes” nacionales.

La cosa nostra huilense viene envalentonada y seguirá porque la casa por cárcel para Germán Trujillo es un regalo de la justicia. El negocio de los alimentos lo seguirán manejando a través de varias empresas. Y en el Huila, el gobernador adjudicó a amigos suyos el contrato por $50 mil millones, bajo la supervisión (con fines particulares) del jefe de planeación, Armando Saavedra y su hermana Alicia.

En la mafia están todos, los señores y las señoras. Es una sociedad para delinquir. Los alimentos son “una línea” de la gran industria del saqueo, que descubrieron por un descaro de marca mayor.

Fueron capaces de inventarse –entre otras muchas sandeces- la compra de frutas por $290 millones a una comunidad del Huila, “Palo Gordo” (difícil de encontrar en el mapa), cuando esos pobres campesinos no cultivan frutas y se mueren de hambre. La periodista Silvia Artunduaga, de Blu Radio, documentó por lo menos diez bribonadas similares.

La senadora Gilma Jimenez murió liderando una campaña para que los abusadores de niños (aunque fuese sólo una la víctima) recibieran la pena de muerte, o fueran castrados, o recibieran cadena perpetua.

¿Qué podríamos exigir para quienes por años volvieron su emporio el robo de la alimentación escolar, empezando por el llamado “zar” Germán Trujillo Manrique?

Parece que la corrompida y descompuesta justicia colombiana opta por darle un cómodo descanso, en su casa, cuando parecía claro que graves delitos contra la administración pública no permitían la cárcel domiciliaria.

¿Se sentirán muy orgullosos sus colegas con Carlos Julio, presidente de la federación de departamentos, cuñado de Trujillo, que se roba por millones los alimentos escolares?

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