-AL AIRE-

El concejal Posada, de las barrabasadas a las fechorías

Esta vez no fueron sólo payasadas. El concejal de Neiva Carlos Posada agredió, borracho, a toda la policía y llamó “perra hija de p”. a una teniente que pretendía controlarlo, en un lugar público donde sacó una pistola que resultó ser de balines. Al parecer hay evidencias de que horas antes golpeó a un agente, quizá la misma oficial en referencia.

Posada, un mamarracho vestido siempre de blanco, resulta una vergüenza para la corporación y para la ciudad, que le paga mensualmente una millonada, a un sujeto que confesó antes –con descaro- que se ha prestado para actos ilegales.

El video que le grabó el periodista Lizardo Moreno Ramírez de Caracol (después de la trifulca) desnuda la bajeza del hp concejal, quien pasa del ser el contorsionista que todos conocemos a convertirse en un sujeto peligroso para la sociedad, que incurre en fechorías y delitos.

Muestra el sujeto un manojo de billetes, ostenta con su carro de 180 millones de pesos, según dice, miente sobre un atraco del que habría sido víctima y cuenta que lleva tres días celebrando.

A cualquier ciudadano le hubiera costado tanta agresión e irrespeto un carcelazo de inmediato. Pero no a este esperpento, que siempre ha sido el hazmerreir del concejo, a quien la policía (dos patrullas) le cuidó la borrachera y escuchó paciente sus afrentas.

Me pregunto, como todos los ciudadanos, si no hay castigo para este adefesio de político, mientras llega el día de las elecciones para negarle su presencia en una corporación que debe ser respetable.

Hace unos meses hablé del pobrísimo desempeño de Posada como concejal y dejé planteada la inquietud de que las autoridades investiguen el origen de su riqueza.

-A Posada no hay que pedirle que estudie nada. Lo más apropiado es estudiarlo a él. Histriónico, la exhibición es su modo de ejercer.

Viene de la miseria absoluta. Llegó de Roldanillo, Valle, pasó hambre en su niñez, se casó con una mujer de su barrio (Alfonso López) y tuvo hijos.

Y es aquí donde la historia se interrumpe y sorprende, donde sale a flote la sombría condición humana: En pocos días –sin que se conozcan bien los pasos- se volvió rico, dejó su familia y comenzó a presentar a sus compañeros del concejo a dos mujeres bonitas, que llamaba “mis prepagos”. Finalmente se quedó con una.

El concejal Posada habla, parlotea, su discurso es cantinflesco (con perdón por el gran Cantinflas), suelta tonterías, dice babosadas, emite estupideces, eructa sandeces. Alardea con el dinero en efectivo.

Dirán algunos que esa es la democracia y que de todo hay en la Viña del Señor, mequetrefes bulliciosos y badulaques engreídos de nada, que los hay en el concejo de Neiva y del país.

Me extraña que la policía (como institución) pase de largo este episodio que la deshonra y me pregunto si el podercito que le atribuyen a Posada merezca un silencio pusilánime.

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