Alcaldes que suenan (bien o mal)

En la mitad de sus gobiernos, son pocos los excelentes, muchos los grises, algunos que la gente quisiera sacar a sombrerazos  (o correazos) y varios que suenan, bien o mal.

Villavieja, Yordan Arias Pacheco. Un desastre como administrador. Le reconocen habilidades para organizar actividades, en especial las que se acompañen de licor y mujeres. Caballista y borracho. Lo suyo son los cerdos, su negocio particular. Van dos años perdidos para el municipio y faltan dos años peores.

El mentirosito Diego Muñoz

Diego Muñoz escribió que se retira como columnista del periódico La Nación para hacer política decente.  Buena frase como a veces cierra el programa La Luciérnaga y todos sueltan la carcajada. El ser humano es un simio burlón implacable, dice mi amigo Tomás González (Uno, un hombre, es un cagajón que flota en el océano de la vida)

Los González Villa y el cartel de los alimentos

Desde hace varios años vengo denunciando cómo la familia González Villa viene saqueando, por todos los medios, las arcas de Neiva y el departamento del Huila.

La siguiente columna la publiqué en octubre de 2015 en Diario del Huila. Dos años después, sigue el robo a lo público, mientras los Gonzalez hacen parte hoy de “los puros” miembros del partido Cambio Radical y aspiran a tener ministra si es elegido Germán Vargas Lleras como Presidente de la República.

Saavedra, tuertos y entuertos

Bizca es una persona que padece estrabismo, que parece mirar al vecino cuando usted lo tiene al frente. Distinto al tuerto, que no ve por un ojo, porque se le desprendió la retina o porque perdió la visión por otra causa (tal vez una orqueta).

Según el diccionario, bizco es sinónimo de torcido. Y torcido, en el lenguaje coloquial de los colombianos, es corrupto, bandido, hampón.

Sorprende

Sorprende e incomoda que el obispo de Neiva, Monseñor Froilán Casas, absuelva al ex alcalde Pedro Suárez, investigado por la corrupción que condujo a la catástrofe del estadio Plazas Alcid, la muerte de cuatro obreros y el cierre del escenario deportivo.

Casas no sólo ofició misa para celebrar que a Suárez le hayan concedido casa por cárcel, sino que –durante la homilía- exaltó las calidades del encartado, a tal punto que su hermana, Margarita Suárez, confiesa conmovida: “nos hizo aguar el ojo”.

Una cosa es la bondad del pastor y otra bien distinta su participación en una pequeña manifestación de amigos y cómplices en hechos que bordean el código penal, fruto de la avaricia, un mar sin fondo y sin orillas.