De paso por el corazón de Paicol

Esta es la primera entrega de una experiencia al municipio de Paicol. Este recorrido narra en versión de una mujer y un hombre lo que representa disfrutar del corazón de este municipio del occidente del Huila. María Villalba, una visión femenina

Cuando naufragas tienes dos opciones. Ahogarte o salir a flote. En mi vida, elijo siempre la de buscar tierra firme. El fracaso y los errores son parte de la vida, lo importante es aprender de ellos y no volver a repetirlos. Con esta reflexión quiero iniciar la hermosa experiencia que trajo a mi vida el viaje a Paicol.

En esos fines de semana que no quieres levantarte de la cama, determiné que era hora de emprender las experiencias que por años aplacé. Sin excusas, con determinación y la emoción de volver a viajar. Recordé hermosas fotografías de amigos en la cascada La Motilona y me reproché las miles de veces que dije que iría a conocerla. Entonces, pasé del pensamiento a la acción y con poco dinero me dejé abrazar por el encanto de las cascadas.

En esta #Bitácora les hablo de mi paso por el corazón de Paicol. En un atardecer de un total cielo azul disfruté del brillo del sol entre las calles empedradas. Me encantó del parque central su limpieza, sus flores, sus colores y me emocionó ver en sus bancas rostros que representan la tranquilidad y alma de nuestros municipios del Huila.

Con Rubén Vega disfrutamos en típicos kioscos de aborrajados con carne molida y mini-pasteles tostados. Una combinación perfecta hacia las cuatro de la tarde, luego de hora y media de viaje entre Neiva y Paicol. Como niños, nos dedicamos luego a registrar cada lugar y espacio. Mi sitio favorito fue el templo Santa Rosa de Lima. Allí la imagen del Señor de Los Milagros en el púlpito y en la sala de oración, me recordaron que tengo una cuenta pendiente con él que pronto espero pagar. Durante un instante largo aprecié el cielo de esta iglesia. Eran estrellas azules y doradas hermosas, un efecto que hasta los pájaros persiguen, porque todo el tiempo ingresan y salen a disfrutar como yo del lugar.

Luego de ver la variedad de sitios para descansar optamos por El Camino de Guanacas, un hotel lleno de historia y muy buena atención. Gatos, gallinas y antigüedades hacen parte de la decoración. Fueron 50 mil pesos por una habitación con dos camas sencillas, baño y las comodidades de una acogedora casa con más de 200 años de historia.

En la noche un Tri-Patacón en la Cucharita Gourmet fue la mejor elección, sin embargo son súper grandes y confieso que no pude sola con todo. Para estómagos livianos, uno para dos es suficiente. La mezcla de cholupa con maracuyá o el jugo de piña, son también recomendados para los próximos viajeros. Luego, para hacer digestión y disfrutar del delicioso clima de Paicol, con Rubén disfrutamos de tres micheladas. Hablar con él me ayudó a recordar los motivos de vivir. En la mañana lo mejor fue un delicioso tamal con chocolate en la Galería Municipal luego de participar en la eucaristía a las nueve de la mañana.

Enamorada de Paicol. Sin duda recomiendo este recorrido entre amigos, amigas, familias y parejas. Un lugar para descansar, disfrutar y apreciar las tradiciones propias del Huila. En la próxima #Bitácora les hablaré de las cascadas y mi experiencia en cada una de ellas. Además del siguiente destino y la forma de hacer parte de esas historias. Rubén Vega, una visión masculina.

No se imaginan las veces que aplacé conocer el paraíso de Paicol, son incontables los días en que me prometía que haría todo por llegar hasta allí, sin embargo así ya llevaba años y aún no lo conseguía, siempre había una excusa: tiempo, dinero, compañía, en fin. Comienzo por agradecer a mi amiga María por recordarme que la vida es una sola y que los viajes no se aplazan, que bastan las ganas y la energía para levantarse y emprender la ruta hacia ese destino anhelado.

Fue así como el sábado, hacías las 2 de la tarde, dejamos atrás Neiva y nos abrimos paso entre los verdes arrozales, el valle y las montañas que conforman la geografía de mi hermoso departamento. Tras casi 2 horas de trayecto, de maravillarnos con los paisajes y de cantar a todo pulmón canciones de Carlos Vives, y hasta de Sebastián Yatra, llegamos a Paicol.

Saltar del carro era lo primero que quería hacer pues el cielo estaba completamente azul y el sol daba la iluminación perfecta sobre la plaza municipal, aquella en donde @María y yo quedamos atónitos y enamorados del templo Santa Rosa de Lima, una iglesia construida hacia los años de 1870 y que se ha conservado hasta la actualidad. Al ingresar a la parroquia quedé enamorado. Los mosaicos de colores que adornan el suelo, las rosas de viento que reposan ilustradas en el techo, eran toda una maravilla.

De allí salimos a apreciar rostros y a tomar fotografías de ese hermoso centro empedrado que guardaba un estilo similar en las fachadas de las casas vecinas, fachadas que seguramente sirvieron de inspiración para el diseño de los módulos donde funciona una plazoleta de comidas en el parque central. Allí conocí dos chicas súper amables, Anyi y Maribel, ellas nos ofrecieron unos aborrajados con carne molida y unos pasteles tostados que nos parecieron sencillamente deliciosos ¡Sin comparación! Así que deben probarlos. En los demás módulos encontrarán más opciones de comida y entre las bebidas que nos llamaron la atención estaban el jugo de borojó, la avena cubana y la deliciosa limonada de agua de panela.

Mañana les seguiré contando, y hablaré sobre el hotel al que llegamos (que me pareció mágico) y como aprovechamos la última hora de sol en una caída de agua que nos terminó de completar la felicidad de sabernos cumpliendo ese sueño de conocer Paicol.

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