Postales turísticas del Huila

Me dejé abrazar de la serpiente y dejé en ella mi veneno. En sus brazos sentí su energía y sentí la vida. Mis lágrimas se fueron por su cauce infinito. Esta es una experiencia por las cristalinas aguas de ‘La puerta del Viento’.

De Paicol me enamoron sus calles en piedra, su atardecer resplandeciente, su majestuoso Templo y la historia que guardan las viviendas más coloniales. Pero nada se compara con la sensación de paz y armonía con el mundo que recibes al disfrutar de sus cascadas.

A La Chorrera, Motilona y Serpiente las comparo con experiencias de vida. Empiezas con acciones pequeñas por cumplir y luego te enfrentas a los poderosos retos de la vida; cada una con su encanto y dificultad, pero en todas sus aguas fluyen, siempre hacia adelante, renacen cada día y se mantienen vivas pese a la inclemente destrucción del hombre.

LA CHORRERA

Después de recorrer el corazón de Paicol y hospedarnos en el hotel Camino Guanacas, con Rubén Vega, mi compañero de viaje, salimos corriendo en busca de la primera cascada. Nos quedaban menos de dos horas antes de finalizar la tarde, tiempo justo para sumergirnos en las aguas de esta fuente en pleno casco urbano de la población y que hace parte de la quebrada Las Delicias.

Por un sendero limpio y hermoso te sumerges en paisajes verdes y frescos. Estudiantes del Sena se han encargado de tatuar mensajes de protección de estos valiosos lugares de la vida. Pasas por un puente de madera y comienzas a escuchar el hermoso sonido del agua fluyendo y entre piedras te dejas sorprender de una pequeña cascada llamada La Chorrera.

Pese a su tamaño, la caída del agua es fuerte. Al entrar a ella permití que me atrapara y grité fuerte por la deliciosa sensación de liberación y de encanto que me dejó la fuente. Sonreí tanto que recordé mi infancia cuando con mi familia disfrutábamos de paseos de río en Neiva. Me sumergí para disfrutar del silencio y le agradecí a Dios por cada instante de la vida, por cada error que con dolor profundo me enseñaron el precioso valor de las personas que me rodean y a las que amo. Cerré los ojos y me mantuve bajo la cascada pensando en que la vida es hermosa y debemos vivirla.

LA MOTILONA

Después de la Misa de domingo en Paicol y disfrutar de un delicioso tamal en la plaza de mercado, nos enrutamos con Rubén hacia la Motilona. Cinco kilómetros por una vía en parte con placahuella y por otra destapada pero sin contratiempo. El recorrido es hermoso por la cantidad de montaña y zonas verdes. Ciclistas sudando al límite acompañan el viaje para llegar a las cascadas y disfrutar de la naturaleza.

Llegas a un parqueadero en el que pagas 3.000 pesos por toda la jornada. La recomendación sabia es encargar desde temprano tu almuerzo. Sancocho la mejor opción de domingo. Es importante llevar tenis o zapato que puedas ingresar al agua. Se debe caminar un poco y para no maltratar los pies es mejor ir preparado.

El sol de ese domingo de febrero fue maravilloso, las ramas de los árboles generaba sombras y luces que iluminaban el camino. De lejos se escuchaba la fuerza del agua y la sonrisa de las familias disfrutando del lugar. Lo primero que vez es una quebrada tranquila y cristalina, piedras gigantescas y una caída de agua que sorprende. Desde lo alto vez la gente disfrutar en las aguas y un paisaje que te enamora.

Con Rubén nos sorprendimos de semejante riqueza natural del Huila y la necesidad de impulsar su belleza. Tomamos muchas fotografías, nos entramos en la cascada y disfrutamos de esa pared de agua cristalina, de la brisa, del sonido, de los colores y la grandeza de Dios en la tierra. El sol era nuestro aliado y la potencia del agua nuestra fortaleza.

Una vez terminamos los registros que hoy compartimos con ustedes, nos dedicamos como niños a disfrutar del lugar. Nadamos, nos sumergimos y disfrutamos de la cascada en toda su inmensidad. En mis hombros sentí el poder del agua y con ella se fueron los dolores físicos y del alma. Por un tiempo largo detrás de la cascada disfruté del espejo de agua, aprendiendo que la constancia destruye rocas y abre caminos en el agua.

Decenas de ciclistas llegaron también a la fiesta de la Motilona y su cansancio terminó al ingresar a la quebrada con una temperatura fresca que combinaba muy bien con el calor de esa tarde. Familias disfrutaban del lugar, los niños jugaban a las orillas y las parejas hablaban de amor entre las piedras. El silencio me permitió escuchar mis pensamientos, mis oraciones, mis sueños y por horas contemplé que la vida es hermosa y que los viajes son una transformación de lo que somos en el mundo, es una posibilidad de valorar lo que tenemos y de dónde pertenecemos.

LA SERPIENTE

Y cuando pensabas que nada podría superar lo antes vivido, llegó la serpiente y me atrapó. Caminamos cien metros hacia adelante después de la Motilona. La quebrada estaba calmada y las piedras brillaban por el sol. De pronto el sonido del agua se intensificó y comenzamos a observar una grandiosa caída entre los árboles. La Cascada La Serpiente es imponente. Debes bajar con dificultad por un barranco para llegar a ella, pero ese obstáculo no es nada para disfrutar de tal maravilla.

Es la lluvia más hermosa que he visto, agua cristalina, profunda y solemne. Desde que llegué me sumergí en sus aguas y disfruté de una fuente natural que nunca imaginé existiera en el Huila. Tomamos muchas fotos con Rubén, todos los ángulos eran espectaculares. Y dejamos para nuestra #Bitácora esos momentos. Luego nos entramos a la cascada.

En la poderosa caída del agua ves arcoíris, sientes como las piedra tiemblan por la fuerza de la gran fuente, como la profundidad se genera con la constancia y como raíces se convierten en cuerdas de guitarra que adornan y le dan melodía al ambiente.

Me dejé abrazar de la serpiente y dejé en ella mi veneno. En sus brazos sentí su energía, sentí la vida. Mis lágrimas de dolor y alegría se fueron por la quebrada y viajarán para bañar el alma de quienes se bañen en ella y busquen la paz que yo encontré.

Mi recomendación es contemplar, agradecer la fortuna de estar vivos y proteger nuestros recursos naturales, garantizar la existencia de quienes vienen a este mundo con el sueño de disfrutarlo como nosotros. Sobre todo ser mejores seres humanos cada día.

Visiten Paicol, disfruten de sus historias, sus calles, su corazón, sus cascadas. Viajen, porque en viajar está la metamorfosis. Lista para la nueva experiencia.

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