Neiva, por mal camino

Un folclórico debate sobre las empresas públicas.

 El espectáculo fue bochornoso. La gerente Cielo Ortíz, con un pantalón torero ceñido que marcaba sus protuberancias y una blusa apretada que prometía lanzar al público los botones.

Al frente los concejales y entre ellos su mozo de espadas, Germán Casagua, que como en los toros es el ayudante más próximo al matador. Llevó al recinto barras taurinas y convirtió el concejo de Neiva en una plaza de pueblo, con gritos de oreja y rabo. Al final de la faena los vieron celebrar con parte de la tropilla.

Nada extravagante si “la representación” estuviera relacionada con particulares que se ponen de ruana sus aposentos. El asunto se vuelve ofensivo por tratarse de la gerente de las Empresas Públicas de Neiva en una alcaldía que se dice “transparente” y con un concejal que le debe respeto a la corporación y a sus electores.

Fue una convocatoria accidentada, aunque bien intencionada, promovida por los concejales Deiby Martínez (presidente) y Roberto Escobar. Primero, un corte de luz (extraño, sin explicación técnica conocida). Y después una sesión con barras, gritos y chillidos contratados por Casagua.

Deprimente que el alcalde Lara y su asesor Diego Muñoz consientan a su gerente en público. Es decir, que consientan su desprecio por las formas correctas de desempeñarse en política. La obligación era informar, explicar, poner sobre la mesa la verdad diáfana. Ratificarle a la ciudad las promesas de campaña de actuar con honestidad y sin mentiras.

Es posible que la ciudad no espere mucho de la señora Ortíz, que viene de vender productos de catálogo y administrar un centro comercial. Pero sí tenía muchas expectativas del alcalde Lara Sánchez, “la mejor hoja de vida”, el hijo más sufrido del inmolado Lara Bonilla, por las circunstancias que el país conoce.

El hecho de que Lara haya ido primero al Concejo (sin corresponderle) a defender sofocado y alterado a su gerente Ortíz. Y ahora luzca indiferente al desprecio de la funcionaria que no atendió con seriedad el debate convocado, desdicen mucho del burgomaestre, más que de la improvisada subalterna.

Un manto de duda ensombrece el panorama sobre el futuro de la hoy denominada empresa Las Ceibas. Las denuncias de Martínez y Escobar se confirman, en el sentido de que Lara está pagando con el presupuesto de la ciudad el dinero que algunos contratistas le aportaron a su campaña.

Las afirmaciones del concejal Jesús Garzón, no respondidas en el debate pero corroboradas después, ahondan las preocupaciones. La cartera morosa sigue creciendo. Pasó de $16.977.734.980 en 2015. A $19.184.493. 866 en 2016. Y el índice de agua no contabilizado siguió creciendo, de manera alarmante a cifras del 60%.

Lástima que Lara Sánchez haya asimilado tan rápido las costumbres de los políticos marrulleros que lo acompañaron. Y que la señora Ortiz, deslumbrada en su cuarto de hora en el gobierno local, se deje guiar por su mozo de espadas.

Dolorosamente pierde Neiva, que ha vuelto a equivocarse. Vamos por el camino de la perdición.

 

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