El legado del editor Benjamin Villegas

A cuatro años de redondear la media centuria de su rutilante carrera en la industria gráfica colombiana, el eximio editor bogotano Benjamín Villegas nos ha sorprendido a todos al hacer público su legado, a los 70 de edad.

La hoja de vida y obra de este colombiano ejemplar, de ancestros caldenses, la resumió en cincuenta palabras “Mi Tierra”, el diccionario de Colombia:

“Benjamín Villegas Jiménez. Arquitecto, diseñador gráfico. Fundador de Benjamín Villegas y Asociados (1972) y Villegas Editores (1985), considerada como una de las empresas editoriales más importantes del país y de mayor proyección internacional, especializada en la publicación de libros de gran formato sobre temas colombianos que constituyen 120 de sus 167 volúmenes”.

Don Benjamín resolvió desde muy joven el crucigrama de su vida, laborando al lado de su papá y tocayo en la Litografía Colombia, de la que a la postre sería gerente y tambor mayor. Su taita falleció cuando él tenía13 años.

“El creativo Señor de los libros”, como lo llamó el periodista Óscar Domínguez, en una crónica del pasado, escribió así su manda, en la Revista Crónica: “Este es mi legado. (Carta y regalo a los lectores). En 2019 cumplo 46 años de estar creando, desarrollando, diseñando y editando libros ilustrados de gran formato y alta calidad, que ya suman más de 300 primeras ediciones, dentro del mismo marco de país, similar aspiración temática e idéntico propósito: divulgar la buena imagen de Colombia.

Mis libros revelan nuestro país en todos los aspectos positivos de su cultura: arte, arquitectura, artes aplicadas, fotografía, naturaleza, historia, cocina, geografía, costumbres, museos, deportes, lugares, folclor, etc.

Su publicación ha sido posible gracias al respaldo y al apoyo que, por años, me han brindado entidades de los sectores privado y público, patrocinando su investigación, sus textos, sus fotografías, su ilustración y su impresión, todo ello de la mano de los mejores científicos, escritores, fotógrafos y artistas en cada uno de los temas.

Ha sido una tarea intensa y desafiante. Un reto que hoy —a mis 70 años— al mirar en su conjunto el testimonio escrito y gráfico que he logrado reunir y publicar sobre nuestro país, me hace sentir plenamente satisfecho.

También, en una colección de interés general, he respaldado la publicación de más de 120 primeras ediciones de títulos en narrativa, poesía, historia, filosofía, teatro, cine, periodismo, biografía, crónica, etc., en su mayor parte de autores colombianos. Y, en una colección de interés infantil y juvenil, más de 30 primeras ediciones originales.

Desafortunadamente, los libros ilustrados de gran formato han circulado con frecuencia en ediciones limitadas a los amigos de los patrocinadores; y los que yo he impreso, para distribución al público general en las librerías, han tenido un precio elevado, debido a su gran calidad, lo que ha limitado su circulación.

Pero, como creo que uno publica para “hacer público” un contenido, y los de mis libros no han podido llegar a todos aquellos interesados en sus temas, he decidido ponerlos, completos y sin costo alguno —bajo el título LIBROS LIBRES— en mi página de Internet www.villegaseditores.com. Es la forma que he elegido para que la labor de toda una vida tenga un sentido real y los temas que he escogido para dar a conocer lo positivo de Colombia estén al alcance de todo el mundo”...

La apostilla: A don Benjamín lo llevó el ancestro caldense a una pronta conclusión: “Para triunfar hay que ser autosuficiente e independiente. Nada de jefes. Dicho en otra forma, el jefe soy yo”.

¡Nostalgia por la copera!

La copera, era una mujer que distribuía copas de licor y, a lo mejor, en el extra tiempo, dejaba que la copa de sus sostenes se desprendiera para que algún cliente furtivo tuviera las manos doblemente ocupadas. O que con sus sostenes caídos adrede, sostenía una prole descuidada por un varón. Como el lenguaje comenzó a ruborizarse, a muchas coperas que sucumbieron a la mentira de sus clientes las llamaron, cabeza de familia, eufemismo con el que se oculta la sinvergüencería masculina.

Hoy en día y ante el color rojo de las antiguas palabras, tomaron el nombre de meseras, se mudaron y casi todas están a punto de graduarse. El oficio que vi en mis años mozos, me trae recuerdos que me atraviesan la mente cada vez que me siento a tomar tinto en los bares de hoy, desprovistos de coperas, un oficio que sucumbió al morbo pueblerino y al desespero o a la avaricia de la plusvalía. Hoy, la copera es uno. Los nuevos establecimientos dedicados al tinto no “manejan” en sus nóminas esa figura a veces triste que producía alegría antes de la embriaguez, cuando de la copa salía algo más que café.

Hablo de buenos recuerdos generados por las buenas hembras que con un delantal blanco o gris recibían las miradas de los comensales que repasaban la vanguardia y la retaguardia. Uno quería estar ahí, tomando tinto. Los precavidos legisladores haciendo uso de la prevención de padres, habían puesto en los códigos, la prohibición de tomar tinto en lugares en donde también se tomaban copas, a niños como yo. Ingeniárselas para pasar varias veces por los umbrales de los cafés Alférez o Buenos Aires, era parte de las tácticas iniciáticas del arte de conseguir amor. Las coperas, muchas de ellas aceptadas en la sociedad civil cuando formaron familia con antiguos coperos, llegaron a mi estancia nocturnal en donde paseo la memoria con su figura sensual, unas veces, o con su estampa retocada por la naturaleza, otras.

Esas mujeres inspiraron muchos pasajes de la historia política, administrativa y social de los pequeños infiernos grandes en donde nos criamos. Siempre sentí cariño por ellas y casi siempre después de la decepción de no poder tomarme un tinto en sus trabajos. Con el tiempo crecí y pude sentarme en una mesa de terraza bonaerense para saborear un café pequeño, pero ya no había copera. Se habían ido, tal vez, a servirles a sus propios hijos.

Gabriel de las Casas: quiero que regrese el repentismo

A partir del 14 de junio, el periodista Gabriel de las Casas será el director de La Luciérnaga de Caracol Radio donde ya había estado por 17 años, luego pasó a Blu Radio y en los últimos cinco años se ha desempeñado como director de estrategias comunicativas de Claro. De las Casas ha estado inmerso en la radio desde 1989.

Ecopetrol reportó utilidades por 2.7 billones de enero a marzo de 2019

La compañía informó que dichos resultados se alcanzaron incluso con un menor precio del Brent, el cual pasó de 67.2 dólares por barril en el primer trimestre de 2018 a 63.8 dólares por barril al cierre del primer trimestre de 2019.

“La producción del Grupo Ecopetrol para el primer trimestre alcanzó 728 mil barriles de petróleo equivalente por día, ubicándose cerca del rango alto de la meta establecida para 2019. Este resultado refleja la respuesta positiva de los yacimientos con recobro primario y secundario, el desarrollo de mercados de gas, y la eficaz ejecución del plan de inversiones” señaló el presidente Felipe Bayona.

El presidente del Grupo Petrolero destacó que en este periodo se dieron dos eventos importantes para el mercado, la actualización del plan de negocio 2019-2021, que busca maximizar la creación de valor a través del aprovechamiento del liderazgo de la compañía en materia de sostenibilidad, competitividad y rentabilidad y la aprobación de un dividendo de 225 pesos por acción en la Asamblea Ordinaria del pasado 29 de marzo, respaldado por el sólido desempeño que han tenido.

Las utilidades de Ecopetrol estuvieron por encima de lo estimado por los analistas, que proyectaban ganancias por 2,5 billones de pesos.

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